Te lo decimos con cariño.

No. No es lo mismo predicar que dar trigo. Somos los primeros en darnos cuenta de nuestras limitaciones. Editar, publicar y esas cosas que hacen los editores son tareas complicadas. Nos planteamos las cosas con tiempo, por eso te decimos, a ti como escritor, que también te tomes tu tiempo.

Hemos comenzado a recibir manuscritos y, de verdad, que estamos muy agradecidos por ello, pero, como decimos en nuestra web: «Si escribes y nos lo cuentas, hablamos. Si además nos gusta, seguiremos hablando.»
Por eso, y con toda la humildad del mundo, os pedimos que antes de publicar por vuestra cuenta, o de enviar vuestra obra a una editorial, le paséis la garlopa.
Vamos a contaros algunas cosas que, para muchos serán de Perogrullo, el que a la mano cerrada la llamaba puño, pero no está de más recordarlas.

1.- No todo lo que va por delante del texto es un prólogo.  El PROLOGO va por delante de la introducción, y, en general, no está escrito por el autor, sino que es una crítica que otra persona hace, de la obra o del propio autor.  Por lo tanto no es parte de la obra, a diferencia de la introducción, que sí forma parte de la obra y es inseparable del resto. En medio, podéis poner el PREFACIO, que sí está escrito por el autor. Ahí se exponen los motivos para escribir la obra e incluso se mencionan los reconocimientos.

2.- No. no son lo mismo y no son intercambiables. El condicional, que para los más viejos del lugar es el «potencial», expresa una acción que podría o no ocurrir, dependiendo de las condiciones. Por su lado, el subjuntivo, expresa la acción necesaria para que se cumpla el enunciado. Como norma, podemos decir que «si (subjuntivo), yo/tú/él (condicional) tal cosa».
«Si lloviera, compraría un paraguas»
«Si lo necesitara, robaría un banco»

3.- Verba dicendi.  Si dejamos fuera el latinajo, nos referimos a los verbos de habla, que son los que designan acciones comunicativas. En los diálogos, esas cosas que se ponen entre rayas largas, que no guiones, los verbos de habla van con minúsculas, mientras que los demás, los no dicendi, van con mayúsculas. Hay listados enormes de verbos de habla que nos salvan del típico «—dijo Juan—» que se repite en algunos textos. Decir, proclamar, añadir, argumentar, increpar... hay cientos de variantes adecuadas a cada situación. Usadlas sin miedo.

4.- Los pensamientos. A veces los personajes tienen que pensar, La forma correcta de expresar esos pensamientos es el uso de comillas. Podemos decir que son el equivalente en un pensamiento a la raya larga de un diálogo. Debes recordar que un pensamiento siempre se puntúa tras las comillas.
«No quería decir eso».
«No quería decir eso —pensó Antonio, arrepentido—. Tendré que disculparme».
Si hay varios párrafos, abre comillas y pon comillas de cierre al comenzó de cada párrafo. Pon también comillas de cierre al terminar el pensamiento.
Os recomendamos el uso de las comillas españolas («-»). Para los que no sabéis cómo ponerlas, es sencillo.
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Solo se trata de unas pinceladas sobre lo que hemos visto en las primeras páginas de los manuscritos recibidos. Sin duda que habrá  (hay) mucho más. En ocasiones se repiten demasiado las mismas formas (los «pero» y los «había» son legión, y los gerundios tienen vida propia), pero, lejos de pretender desanimar a nadie, buscamos el efecto contrario. Cuidar los textos son el primer paso para un escritor. Y nosotros nos preocupamos por ello y por ellos.

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